HISTORIA DE CASA GRANDE

Luis G. Albrecht, alumno del ingeniero alemán Liebig, nace en Münich, Bavaria – Alemania (otros señalan que en Bamberg – Alemania) el 19 de marzo de 1826, muy joven viaja a Estados Unidos y México en donde funda Casa Grande de Blancos, en Manzanillo dedicándose a la exportación de maderas. Llega al Perú por problemas de salud entre 1855 y 1856, casándose con Emilia Casanova y Velarde, hija del coronel Domingo Casanova, dueño de la hacienda Galindo; y se establece en Trujillo, adquiriendo la propiedad azucarera “Facalá” en el valle de Chicama en 1862, en la cual posteriormente se asocia con los hermanos Pflücker. Para 1865 adquiere la hacienda Sausal a fin de ampliar sus sembríos.

Al inicio Albrecht siembra algodón en Facalá; el cual tenía buen precio y demanda debido a la guerra secesionista de Estados Unidos (la que conllevó a una enorme baja en la producción de los algodonales del sur de EEUU), pero dándose cuenta de la rentabilidad y facilidad de cultivo de la caña de azúcar en el valle, cambia de rubro y comienza con los cañaverales en Facalá, Sausal y Casa Grande.

Como ya hemos mencionado, dándose cuenta del atraso tecnológico en cuanto la industria azucarera se refiere en nuestro país, fue un pionero en industrializar el cultivo de la caña de azúcar en el valle de Chicama, estableciendo el primer ingenio de importancia en la hacienda Facalá, aprox. en 1862. Asimismo, amplió el rubro de sus negocios a la explotación del cobre, en las minas de Quiruvilca, junto con Gottlieb, ganando notoriedad en el ámbito económico republicano.

 

Hacienda Casa Grande

 

Postal de la Hacienda Casa Grande

 

Raimondi en su viaje realizado en 1868 le dedica algunas palabras al industrioso Albrecht: “Luego pasé a Facalá, célebre entre todas las del valle de Chicama, un hombre inteligente, activo y emprendedor, el señor Luis Albrecht, hizo surgir como por encanto esta hacienda del estado de decadencia en que se hallaba, introduciendo las más útiles mejoras, de manera que actualmente puede considerarse como la hacienda modelo de todo el valle de Chicama y la que representa el progreso en todos sus ramos. Se cultiva caña de azúcar, arroz, algodón y hay un surtido de máquinas, puestas en movimiento por la poderosa fuerza del vapor.”

A partir de 1870 como ya hemos señalado, la industrialización de la empresa azucarera triunfa, siendo en el valle de Chicama la fuerza utilizada principalmente la hidráulica seguida del vapor para las maquinarias, reemplazando a los obsoletos trapiches tirados por bueyes. En 1877 utilizando máquinas a vapor importadas de Filadelfia, la hacienda Lurifico (Chepen) elaboró 1000 quintales diarios de azúcar, mientras que la hacienda Faralá (hoy anexo Casa Grande) de los hermanos Pflücker en Chicama elabora 50000 quintales por año. En 1876 la hacienda Sausal de Albrecht produce 15 000 quintales de azúcar por año.

Este incremento en la producción de caña conllevó a un incremento del consumo de la misma, motivo por el que Albrecht comienza a adquirir las tierras adyacentes a Casa Grande integrando ingenios con zonas de cultivo en un área industrializada, y en aquellas localidades en las cuales no se podía hacer esto lo que se acostumbraba era adquirir las cosechas de haciendas vecinas que no dispusiesen de ingenios para su procesamiento, al igual que Augusto Cabada, propietario de las haciendas Lache y Santa Ana, firmando ellos un contrato en 1871 en el que se estipulaba que Albrecht se comprometía a procesar en Casa Grande la caña producida en las tierras de Cabada debiendo recibir cada parte el 50% de la producción. Cuando Cabada adquiere su propia maquinaria, denuncia el contrato y es litigado zanjando el conflicto, la Corte Suprema de Lima a favor de Luis Albrecht el 24 de diciembre de 1877.

Moneda de Casa Grande

 

Como vemos, eran tiempos prósperos para Casa Grande y para Albrecht, aunque es necesario mencionar en este punto que muchos de sus jornaleros eran coolíes (chinos), viviendo explotados en muchos casos llegándose a excesos en otros, al tomar los capataces la justicia por su propia mano. (texto de investigación de Augusto Salazar)

COOLÍES:

Por ello, a pesar de las prohibiciones legales, como en 1853, y de las protestas internacionales, la llegada de los coolíes al Perú fue continua y creciente. Y en este interés no sólo estaban los hacendados sino también los contratistas que vieron en el tráfico de peones chinos un negocio muy lucrativo. De este modo, entre 1849 y 1874, llegaron alrededor de 87 mil coolíes a nuestro país. Mencionamos que fue un sistema de semi-esclavitud porque de por medio existía un contrato de trabajo entre el hacendado y los peones chinos. El trabajador no era propiedad de un patrón al que podía dejar al momento de finalizar su tiempo obligatorio precisado en su contrato, generalmente de 8 años, y si le era conveniente aceptaba de manera voluntaria volver a contratarse con el mismo hacendado.

Peón chino en una hacienda de caña; nótese el cepo en los pies

Luego, vino el descalabro nacional, la Guerra del Pacífico. También es necesario señalar que Luis Albrecht era casado de una prima del militar chileno Patricio Linch (se dice que gracias a esto pudo negociar condiciones favorables sobre los cupos, no está comprobado esto último, lo que sí se conoce es que luego de la guerra Albrecht quebró). Al producirse la toma de Lima, una Expedición comandada por Linch recorre el norte del país, imponiendo cupos a las industrias que encontraba a su paso con la amenaza de destruirlas, llegando a hacer lo mencionado con las haciendas de Dionisio Derteano y otras del valle del Santa. En Trujillo se formó el batallón Libres de Trujillo a cargo del coronel Justiniano Borgoño, el cual luchó en las batallas de San Juan y Miraflores. Posteriormente se formó el batallón n° 01 integrando sus filas el capitán Ranieri Manucci, italiano, saliendo al puerto de Salaverry para impedir el desembarco de los chilenos. Luis Albrecht en ese momento decide alojar a algunos centenares de trujillano